Odisea a la italiana

•abril 27, 2008 • 5 comentarios

Mi mamá dice que tengo el corazón de Ulises, y por una vez en la vida, no le falta razón. No sé cómo me las apaño, pero mis papás siempre encuentran algún pretexto para montarme a un coche-tren-autobús-avión-coche y recorrer millas. Con lo bien que estaría yo en casa, jugando con mis amigos de la guarde todos los días… Pero no. Aquí todo se improvisa: ahora comemos aquí, ahora buscamos sitio donde dormir… y en todo esto, yo me voy a dormir cada día a medianoche!!! Si no es por una cosa, es por otra. Pero siempre es igual.

Y no sólo eso, sino que además llegamos a un lugar en el que vimos una lombriz luminosa gigante que se nos quería comer! Por suerte estaba yo allí para impedir una catástrofe…

Luego me tocó combatir con unos cojines enormes…

Luego, se me tragó una ballena con siete ojos, y cuál no fue mi sorpresa al encontrarme una metrópolis en sus intestinos! Hablé con un par de víctimas suyas, y parecía no importarles demasiado el hecho de estar viviendo en las entrañas de aquel animal. Al contrario, estaban radiantes. Pero yo sólo tenía ganas de huir…

De repente salí proyectado hacia el exterior por un chorro de agua, y un pulpo con el que me topé por casualidad me llevó hasta la orilla. 

Una vez en tierra firme, encontré la cueva de Polifemo, pero por lo que parece, se había ido a visitar a su pariente, el minotauro del laberinto. Sabía que tenía que dar con él para poder pasar a la historia, así que cogí todos los medios de locomoción que encontré: un tractor…

 

un triciclo motorizado del cual, sorprendentemente, desconocía la marca…

un cochecito…

un coche de mayores…

Durante todas estas aventuras, dormí en donde las mujeres me acogían. A veces en mansiones, a veces en comunidades de hippies…

Hasta que por fin di con el laberinto. Recorrí cada esquina, cada recoveco, buscando una salida, pero ahí no había ninguna Ariadna con su bobina de hilo para ayudarme…

Así que me las apañé como pude: llamé a todos mis contactos.

 

¡Por suerte papá vive justo al lado del laberinto, y pudo venir a sacarme de este lío! Menuda Odisea…  

El Mitsubicho o un destino sobre ruedas

•marzo 28, 2008 • 7 comentarios

Guillermo tiene una pasión, Guillermo tiene un don. A Guillermo le encantan los coches. No es ninguna novedad. Desde bien pequeño, uno de sus trofeos favoritos son las llaves del coche. Pero esa tendencia se está acentuando. Hasta tal punto, que si os fijáis bien, en la mayoría de las fotos Guillermo tiene unas llaves de coche en las manos. Y es que Guillermo percibe el mundo a través de los vehículos a motor: “dime qué coche conduces y te diré quién eres…”. Si hacemos caso de ese lema, la persona más compleja en la vida de Guillermo es Papabio, que viene cada fin de semana con un coche alquilado diferente.

En efecto, Volkswagen es “Mamáwagen”, Citroën es “Omaoën”, Ford es “FordOpa”, Mercedes es “Petetes Abú”… Pero papá tanto puede ser “Fiat”, como “Afa meo” (Alfa Romeo), como “Bemeúve” (BMW), como “Opell” (Opel), como “Alli” (Audi), como “Pechó” (Peugeot)… En fin, Guillermo ha heredado la pasión de su padre por los coches. Se conoce todas las marcas, incluso las más complejas como Hyundai, Saab, Dacia, Daewoo, Mazda, Maserati, Lotus, Mitsubishi, Lamborghini…

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Y es que cuando Guillermo se encuentra ante un vehículo de cuatro ruedas, saltan chispas. Primero, cual animal, husmea la parte delantera o trasera del vehículo en busca del emblema. Si no lo encuentra, rodea el coche a fin de dar con cualquier indicio: tapacubos, lunas, alguna pegatina… Y nunca se equivoca. Si esa pasión le sirve de algo o no, no lo sé. Pero teniendo en cuenta que el enano no sabe leer, eso muestra que tiene una memoria fotográfica prometedora…

Gira il mondo, gira…

•marzo 27, 2008 • 5 comentarios

Por fin encuentro un poco de tiempo para escribir. Es un por fin un poco forzado, ya que debo quedarme en la cama porque en la rifa me ha tocado la varicela… Pero no hay mal que por bien no venga, así que empezaremos por el viaje a Zürich, Sicilia y Barcelona. Primero, tuvimos el privilegio de poder estrenar el TGV que une Estrasburgo a Zürich. Además de acortar el tiempo del trayecto y de ser directo, el tren es de una comodidad increíble. Guillermo disfrutó como un loco en la estación de trenes con el jefe de estación, el pito, las banderas, las vías del tren, nuestro megatren…

Además, una señora coreana se enamoró de Guillermo en el tren y jugó con él todo el tiempo. Esos momentos son un relax para una madre:) Estuvimos discutiendo un rato y resultó ser una de nuestra especie: una coreana que se fue a Australia a estudiar, conoció a un suizo de Berna, se casaron, tuvieron 4 hijos y se vinieron a vivir a Suiza. Me habló de los problemas que tuvo para enseñarle el coreano a su descendencia, y que al final tuvo que renunciar a ello. Ahora que sus hijos eran mayores, aprovechaba por fin para viajar por el mundo visitando a sus amigas. En esta ocasión, por ejemplo, había estado en París.

En la estación de Zürich nos estaba esperando Oma con su Citroën, vehículo que a Guillermo le encanta. Pese a que sólo permanecimos en la ciudad un par de días, la vida familiar fue intensa: tíos, primos, tíos abuelos… Algo a lo que no está acostumbrado Guillermo en la lejana Estrasburgo.

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Después cogimos el avión con Oma  para volar hasta la mayor isla del Mar Mediterráneo. Guillermo andaba loco en el aeropuerto con tantos aviones, e iba gritando “Avión, avión!!! Oto avión!!!”. Cuando por fin aterrizamos en la capital de la antigua Sikelia (tierra de los Sículos), hoy Sicilia, comprendimos que estábamos lejos de la tranquilidad estancada del norte: maletas perdidas, caos, coches en contradirección, solecito, buen humor… Para alguien que viene de la Barcelona de antes de las Olimpiadas, hay numerosos elementos que le hacen sentir como en casa. Evidentemente, ese sentimiento se hace mucho mayor cuando la estancia es tan acogedora como la que nos ofrecen Oma y Opa. Aunque no hay que olvidar a Zagor, alías “Yayós”, el perro-caballo de Opa, que aunque siempre ladra a Guillermo, orgulloso de poder asustar a alguien, Guillermo está prendadísimo de él.

Hicimos una vida cultural intensa, lo que hace siglos que no había tenido tiempo de hacer… Vimos templos griegos, abadías, catedrales románicas… Fuimos al cine, nos perdimos por pueblecitos recónditos, vimos laberintos de cemento perdidos en las montañas… Un verdadero lujo para los sentidos. Y los paisajes eran de postal.

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Posteriormente pasamos un par de días en Barcelona, disfrutando del buen tiempo, para recoger a Níobe que se había quedado unos meses con la Abú. ¡Cuánta falta nos había hecho la enana! Y si al principio le hizo una ilusión bárbara volver con nosotros a Estrasburgo, creo entender que ahora lo lamenta… Viendo lo mal educada que está, Guillermo ha decidido tomar cartas en el asunto y encargarse de su correcto adiestramiento: “¡No, no, no, no, Miaumiau!” le hace a la pobre cuando está comiendo. O “Baja, Miaumiau, baja!”, le espeta a la gatoúla cuando se sube al alféizar a mirar por la ventana… Y es que la vida de gata no es tan simple como parece. Níobe duerme mucho, ciertamente, pero para poder afrontar el estrés que le causa un maestro tan regañón, que ni tan sólo le deja jugar a la pelota. Pero parece que Guillermo se siente orgulloso con los resultados de su primorosa educación…

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Mister Proper

•febrero 14, 2008 • 10 comentarios

Guillermo ha encontrado su verdadera vocación: ser escultor de arcilla. Si hay algo que de verdad le pirra, es hacer figuritas con la arcilla, remojarlas bien en el agua, ponérselas en el pelo y llenarse la cara y alrededores de agua enfangada. Lo gracioso es que luego es un maniático de la limpieza, y va paseándose por casa para encontrar alguna miga de pan, o alguna pequeña borra que recoge con sus deditos de pinza y me entrega cautelosamente. Eso, si no decide él ir y tirarlo al cubo de la basura… Y esos mismos gestos y manías tenía mi padre. Es gracioso ver el poder de la perpetuidad genética en pequeños gestos o ademanes.

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Pero la arcilla no es su única pasión; también le encantan todas las actividades que les proponen en la crèche: pintura, música… Y cuando vengo a buscarle, me dice orgulloso: “mamá, peinture!”, “mamá, musique!”.  Y es que habla hasta por los codos, pero escoge siempre las palabras en la lengua que le resulte más sencilla. Ahora, por ejemplo, se sabe el nombre de todos los insectos, pero los dice en francés: mouche, boudon (bourdon=abejorro), abeille (abeja), ciole (luciole=luciérnaga), fard (cafard=cucaracha)… Y cada vez que ve un gnomo, ya puedes cantar misa, que para él es Papá Noël, y lo llama “papá Maël”, que es un compañero suyo de la crèche.

 Y no es el único momento en el que recurre a Maël cuando habla. Ya ha aprendido algunas palabras en alemán de cuando vamos a Suiza o a Alemania: Tschüss (=adiós), Danke (gracias). Y cada vez que dice Tschüss, dice: “Tschüss Maël!”. Le sale automáticamente, porque Maël es medio alemán, y cuando su mamá le deja en la guarde por la mañana, siempre se despide con un: Tschüss Maël… Vamos, que estos niños son verdaderas esponjas y lo absorven todo.

Cada semana, cuando me toca la guardia en la crèche y preparo la merienda a los niños, suelo decirle alguna palabra en castellano a Guillermo, tal como “Come… Siéntate…”. Y ya ves a todos los enanos repitiendo: Come Come Come… Siéntate… Yo me parto con ellos. Y mientras cuento los cuencos en los que les pongo el yogur, Guillermo me toma el relevo y cuenta hasta diez. Es alucinante. En fin, creo que nunca dejaré de maravillarme con las proezas del cerebro de un niño… 

Como pez en el agua

•febrero 2, 2008 • 4 comentarios

Este fin de semana Papabio no ha podido venir a vernos porque le toca trabajar sin pausa. Y así va a ser durante las próximas semanas… Guillermo se pasa el día preguntando por papá y por papá brum-brum (el coche de papá, para los que no estén acostumbrados al vocabulario guillermil). La verdad es que lo echamos muuuuucho de menos, al igual que las escapadas que hacemos todos juntos los fines de semana con papá brum-brum.

Pero eso no quiere decir que no nos lo montemos bien en Estrasburgo. Como sabía que íbamos a estar solos este fin de semana, decidimos organizar una mañana en la piscina de la Kibitzenau con otros niños de la guardería. Aunque queda bastante lejos de casa, esa piscina está muy bien porque ofrece sesiones de “bébés nageurs” (bebés nadadores).

Y el éxito ha sido rotundo. Los niños han disfrutado como locos, no sólo por el efecto relajante-estimulante que tiene el agua en los pequeñajos, sino porque sus compañeros de aventuras y travesuras estaban allí, chapoteando cual pulpitos. ¡¡¡Esto habrá que repetirlo!!! 

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Blanco como la nieve

•enero 31, 2008 • Dejar un comentario

El domingo pasado volvimos a salir en busca de nieve. Sin embargo, esta vez decidimos ir más lejos que el fin de semana anterior, y llegamos hasta Flumserberg. Y valió la pena. Si el fin de semana pasado el circuito para trineos era de iniciación, esta vez fue de profesionales (… o casi!). Cogimos un trineo mucho más aerodinámico que el de la otra vez, y nos lanzamos los tres por unas pendientes mucho mejores que cualquier montaña rusa.

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Nos fuimos turnando la primera plaza. Al principio pusimos a Guillermo, porque el que se sienta en la primera plaza goza de asiento con arnés. Pero visto el miedo que tenía y toda la nieve que tragó, decidí ocupar su puesto y ponerlo entre Fabio y yo. Pero visto el miedo que tenía y toda la nieve que tragué, decidí ponerme detrás y ceder el cómodo asiento a Fabio. Y debo confesar que la mejor bajada fue con Fabio al frente. No sólo porque desde detrás se tiene menos miedo, sino porque se nota que es un experto piloto y logra frenar incluso en los lugares con más pendiente (aunque no es que frenara demasiado…).

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Fue un recorrido genial, con bajadas empinadas, un montón de cachibaches propulsadores y curvas cerradas. Guillermo disfrutó como lo que es, un enano, soltando carcajadas cada vez que pegábamos un salto. Ahora sólo nos queda esperar que Guillermo sea lo suficientemente grande como para cambiar el trineo por los esquís. Tiempo al tiempo… 

Volver a los orígenes

•enero 31, 2008 • Dejar un comentario

El fin de semana pasado volvimos a Freiburg (D), la ciudad del primer encuentro, de una cálida noche, de miradas fugaces y palabras como el viento. Pero quedó el recuerdo. Y gracias a ese recuerdo, Fabio y yo volvimos a encontrarnos años más tarde. Y gracias a ese recuerdo también, Guillermo es hoy realidad.

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Ya habíamos hecho alguna escapada a Freiburg para rememorar los viejos tiempos, para alguna cena a la luz de las candelas… Pero con Guillermo, todavía no habíamos estado. Ha sido bonito enseñarle uno de los tantos lugares que forman parte de sus orígenes. Ahora Freiburg quedará en su recuerdo como la ciudad de los canales que te obligan a volver, de las tiendas de juguetes de madera y de los conciertos de brujas que se transforman en piratas. Del rojo anaranjado de la catedral al atardecer no recordará gran cosa, pero en su subconsciente genético quedará por siempre el recuerdo del recuerdo.

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En trineo

•enero 20, 2008 • 5 comentarios

Este fin de semana nos hemos ido en busca de nieve. Si el otoño nos recibía con -10ºC, el invierno se está mostrando notablemente más piadoso. Tanto, que nos creeríamos en primavera. Así pues, para poderle mostrar a Guillermo qué significa realmente el invierno, nos hemos tenido que ir a buscar la nieve a los picos helvéticos. Y si las temperaturas en Zürich se asemejan a las Estrasburgo (en torno a los 12ºC de día), van perdiendo vigor a medida que nos vamos aproximando a las montañas heladas.

Teníamos todo preparado: el material de esquí (que Fabio se había dedicado cuidadosamente a desempolvar) y la cámara, para plasmar el primer paseo en trineo de Guillermo (y mío que yo recuerde…). Fabio, gran asiduo de las pistas en “su juventud”, nos hizo de profesor. Y la verdad es que disfrutamos como niños haciendo guerras de bolas de nieve, bajando a toda velocidad por las pistas, comiendo en un restaurante en la cima de la montaña, de esos de madera, muy auténtico, con música tirolesa y un patrón de esos de laaargos y espesos bigotes, con una pronunciada curva de la felicidad cervecera.

En fin, que uno se siente feliz de poder hacer descubrir tantas cosas nuevas a un niño cada día.

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El pequeño Schumi-Cervantes

•enero 17, 2008 • 5 comentarios

A veces me sorprenden los gustos tan eclécticos que se tienen a la edad de Guillermo, y qué pocas cosas bastan para ser feliz… Entonces me doy cuenta de lo triste que es la vida de un adulto, de la falta  de entusiasmo que tenemos con las pequeñas cosas que hace no muchos años nos llenaban tanto. Esa era la época de los descubrimientos del yo y del entorno. Pero ahora pocas cosas llegan a hacernos sentir esa emoción que sentíamos de niños cuando (re-)descubríamos algo nuevo… como las chispas del jersey de lana de mami, los papeles térmicos que cambiaban de color cuando los presionabas con los dedos, o simplemente la lectura de un buen libro.

Ahora redescubro el mundo a través de los ojos de Guillermo, y me fascina el mecanismo de su cerebro a la hora de recibir impulsos e interiorizar conocimientos. Me sorprende la memoria fotográfica que tiene con los modelos de coche (es capaz de encontrar en un párking lleno de vehículos similares el coche que su padre ha alquilado para el fin de semana, aunque sólo lo haya visto una vez, y de noche), su amor por las motos, por los trenes y los tranvías, pero también por los cochecitos de muñecas y la música.

Pero lo que me tiene quizás más agradablemente sorprendida es, a su edad, la pasión por la lectura. Lo primero que hace al llegar de la guardería es ir a su rincón biblioteca y escoger los libros que va a hojear una y mil veces, antes de traértelos a ti mientras cocinas para que le expliques historias de barcos, trenes, excavadoras, animales, insectos, colores…

Espero que tarde muuuuucho en cambiar los libros por la Nintendo…

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Vacaciones italianas

•enero 16, 2008 • Dejar un comentario

Poco después de haber llegado a Estrasburgo, decidimos ir a visitar a Papabio a la cálida Italia. Lo de “cálida” es un decir, porque no paró de llover en toda la semana que estuvimos en Napoli. Eso sin contar con el problema de las basuras en la Región, amontonadas por todas partes, creando verdaderas barricadas. Todo ello en magnífico contraste con el hotel de Fabio, con piscina, campo de golf y vistas al mar. Y es que en los resorts para turistas se crea una realidad bien lejana a la del lugar…

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Pero pese a la caótica estancia en Napoli, compensamos con una perfecta visita a Roma, mi ciudad favorita, para encontrarnos con tía Vanessa por un lado y tía Daniela & familia por otra. Fue una verdadera gozada poder volver a verlas en una ciudad tan especial como Roma. Le propuse a Fabio que nos fuéramos a vivir allí, pero parece que tendrá que ser en otra vida…

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